Ind. musical

Publicado el 24 de marzo de 2015 a las 10:30 | por Superhexagon

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15 años de música digital

En el año 1999, un joven Shawn Fanning, junto con otros compatriotas de Internet, crearon un software que cambiaría la industria musical para siempre, y algunos dirían que para mejor, llamado Napster. Se trataba de un programa que, instalado en el ordenador del usuario, le permitía compartir los archivos mp3 de su disco duro con otros usuarios. Se popularizó tan rápidamente que, en menos de dos años, los fundadores acabaron sentados ante al juez acusados de robo de propiedad intelectual por la RIAA (Recording Industry Association of America). Por supuesto, la asociación americana de discográficas ganó el primer asalto.



Tras la derrota de Napster, la veda quedó abierta y, un par de años después, en el 2003, Apple lanzó su servicio de venta digital de música, iTunes. Fue uno de los pocos salvavidas que se encontró la industria por el camino y no les quedó más remedio que aceptarlo con los brazos abiertos frente a la marabunta de servicios que permitían piratear estos contenidos de forma gratuita.

El panorama para los artistas y su música cambió completamente. Se había creado un canal con el que distribuir su producto de forma directa y, en términos generales, esto fue tremendamente positivo para la audiencia que cada vez se despegaba más de las radiofórmulas y buscaba en la red otros sonidos. El boom de los festivales estaba cerca.

Y llegó el streaming

La aparición de servicios de streaming fue la última pieza del puzle. Se abría así una fuente extra de financiación para las discográficas, que negociaron con estas plataformas una retribución porcentual del total de lo que ganan servicios como Spotify, Pandora o YouTube, por publicidad y suscripciones. Sin embargo, a ojos de muchos, esas cantidades seguían siendo insuficientes. Pero cada año que pasaba, en la mente de todos aquellos implicados en este negocio, un concepto tenía que estar claro: la industria había sido agraviada y, por lo tanto, necesitaba una compensación. A modo de canon, de multas o de cambios legislativos, la injusticia que arrastraba desde esa herida mortal de 2001 debía ser reparada, a veces, a costa de otros.

Los artistas ganan, por primera vez, más con el streaming que con la venta de discos

Volvamos al presente, año 2015. Parte de los malos augurios de las grandes discográficas se han cumplido: las ventas de música han caído, muchas discográficas han cerrado o decrecido y el consumo se ha vuelto casi totalmente digital. Y hoy nos encontramos con que, después de las críticas y de subirse al carro tarde, mal y arrastro, y según un informe publicado por la propia RIAA, las cantidades que perciben por streaming superan por primera vez a las ventas de CDs, más concretamente el 27%, que junto con el 37% que representa la venta digital, constituye la mayor parte de sus beneficios.

En definitiva, la RIAA y otras asociaciones han estado luchando por cada centímetro de terreno que le pudieran arrebatar a la distribución digital en sus primeros años de vida, que vendían lo que antes costaba 30 a 10. Cualquier tipo de cambio en la distribución sería “perjudicial para los artistas”, o acabaría con el mercado, pero el mercado no estaba desapareciendo, estaba cambiando.

En la era de las segundas y terceras pantallas, donde puedes escuchar lo que quieras donde quieras y cómo quieras, ya no quedan agraviados, solo CEOs con poca perspectiva y mucho que ganar (y que ahora dudan de que Spotify sea una alternativa al modelo de negocio).

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