Ind. musical Thom Yorke, Radiohead

Publicado el 16 de octubre de 2013 a las 10:32 | por César Muela

0

De escuchas no vive el artista, pero ayudan mucho

Este año está siendo muy interesante para el mundo del streaming musical. Aunque Spotify es el rey en los mercados más importantes -salvando Estados Unidos, donde Pandora es un rival muy bien posicionado-, han aparecido nuevos y potentes actores como iTunes Radio o el resucitado Napster -esta vez con una propuesta legal muy similar a Spotify y lejos del P2P-. Y no podemos olvidarnos de Deezer, Rdio y otras plataformas como SoundCloud o BandCamp.

Por si fuera poco que el panorama de servicios esté más reñido que nunca, la industria musical y los propios usuarios están viviendo, de nuevo, una época de dudas con respecto al streaming. Gracias a las recientes declaraciones de Thom Yorke, líder de Radiohead, y David Byrne, ex Talking Heads, se ha vuelto a abrir el debate sobre el negocio y la eterna pregunta: cuánto paga Spotify a los artistas. Los detractores del servicio de Daniel Ek usan siempre el argumento de que un grupo no puede vivir de Spotify porque los ingresos por cada escucha son ínfimos y las discográficas siguen llenándose los bolsillos a su costa. Eso lleva a la conclusión de que el streaming musical no es la panacea ni el nuevo modelo de negocio del que tanto se ha hablado. Pero se olvida que ya nadie compra ni escucha CD’s, que las grandes bandas son cada vez más grandes porque no hay una industria que haga hueco a una generación completa de nuevos artistas, y que los hábitos de consumo de música han migrado a Internet.

Si sobra algo, son las discográficas

Spotify no paga a los artistas, sino a las discográficas, que son las que acuerdan los ingresos con los grupos. Por tanto, si miles de reproducciones de una canción dan como resultado unos cuantos céntimos de euro, es a su discográfica a quien hay que señalar. Los servicios de música en streaming tienen que cerrar acuerdos con las discográficas para poder contar con sus catálogos de manera legal, así que tienen que adaptarse a las exigencias de EMI, Sony, Warner y Universal, las cuatro grandes majors, que controlaron el 88,59% del mercado en 2012.

¿Qué aportan a día de hoy las discográficas? Nada más que problemas. Tienen gran parte del catálogo de música comercial (no entendamos aquí solo al pop, sino a toda la música que vende realmente, desde Skrillex, pasando por Metallica hasta llegar a Muse) de modo que van a hacer todo lo posible para rentabilizarlo. Y les da igual que los tiempos hayan cambiado, que ya no ejerzan la labor de prescriptores musicales o que la gente se baje los discos de sus artistas. ¿De verdad alguien pensaba que la discográficas iban a dejarle paso tan fácilmente al streaming?

Entonces, ¿por qué las bandas no renuncian a las discográficas? Porque no pueden financiarse los gastos que conlleva todo el proceso musical (grabación, promoción, distribución, etc.). Sí podría hacerlo un Bruce Springsteen, una Madonna o un David Bowie. Son artistas consagrados de varias generaciones y no tendrían problemas en seguir llenando estadios y viviendo de su música sin los talonarios de las disqueras.

El inicio de las alternativas

No considero que plataformas como BandCamp o SoundCloud o fenómenos como el crowdfunding sean alternativas lo suficientemente estables como para recomendar a los artistas que prescindan de las discográficas. Pero, sin duda, son un primer paso. Es posible un modelo de negocio sin las discográficas que, insisto, sólo tienen como arma el catálogo y el dinero, en mayor medida heredado de las dos últimas décadas. No obstante, para conseguir un mundo sin majors hace falta que haya unos medios de comunicación que vuelvan a recomendar música y no simplemente reproducirla en bucle (en España, por ejemplo, hay poca o ninguna radio que recomiende música y ya ni hablar de programas de televisión) y una plataforma con la que los artistas se den a conocer y puedan comercializar su obra. De este último apartado seguro que podríamos encontrar una solución a caballo entre Twitter, Facebook, YouTube y BandCamp. Del primero, sin embargo, es más complicado. Sí, en la sociedad de hoy en día cualquiera es un gran prescriptor en potencia y, por ello, puede ejercer influencia en muchas personas, pero son los medios los ‘recomendadores naturales’ (porque nacen por y para ser consumidos) y, paradójicamente, los que menos recomiendan.

En cualquier caso, es un avance que haya alternativas, pero eso no quita a que la figura del mecenas en la música pueda desaparecer. Sea una discográfica o una comunidad de miles de seguidores, los artistas necesitan apoyo para seguir adelante y, en la mayor parte de ocasiones, ese apoyo es necesario por adelantado. En otras palabras, si nadie hubiera apostado por Daft Punk, nunca podrían haberse convertido en ese juggernaut musical y robótico que son a día de hoy.

Cada escucha cuenta

TBP spotify

Estamos empecinados en el dinero, en que el negocio sea rentable; pero olvidamos que, mucho antes de que se mueva un solo céntimo en la industria musical, hacen falta artistas. Ya hay un público dispuesto a escuchar y, más adelante, a consumir, bien yendo a un concierto o comprando una camiseta. Por eso es tan importante que haya ventanas de distribución de música como son Spotify y el resto de servicios en streaming. Por eso cada escucha dentro de Spotify cuenta. Tener 6000 escuchas de una canción no da de comer directamente al artista, pero es un indicativo de que un buen puñado de personas podrían estar dispuestas a pagar una entrada de un concierto y quizá sea el pretexto que necesita una promotora para contratar la gira de un grupo.

De lo que se trata, en definitiva, es de que el artista obtenga difusión y notoriedad, que lo escuchen. Es inviable que todos los artistas que quieren vivir de la música puedan hacerlo, de la misma manera que cualquier otra persona de otra profesión, pero no podemos decir que un sistema no funciona cuando todavía no hemos enterrado el anterior. Es injusto culpar a Spotify de los errores del modelo previo. Hasta que las discográficas dejen vía libre y se redistribuyan los roles de la industria musical, es decir, hasta que el negocio cambie sustancialmente, no podemos ‘demonizar’ ni a los nuevos servicios ni a las nuevas tecnologías. ¿Habrá cambios a corto o medio plazo? Tengo mis dudas. Lo que está claro es que lo importante es ser escuchado, no tanto lo que cobres por cada stream. Si alguien te escucha, estás haciendo las cosas bien.

César Muela

Melómano, periodista y músico en mis ratos libres. Coordinador editorial en Weblogs SL. Padre de Más Decibelios. También colaboro en RafaBasa.com

Latest posts by César Muela (see all)

Etiquetas:




Deja un comentario

Volver arriba ↑