Ind. musical

Publicado el 8 de noviembre de 2013 a las 10:32 | por César Muela

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Eminem, o por qué la música vive del pasado

Eminem acaba de publicar nuevo disco, Marshall Mathers LP2, el octavo en su carrera y la pretendida segunda parte de su famoso Marshall Mathers LP, el álbum que lo consolidó como estrella internacional en el año 2000. No entraremos a discutir si este nuevo trabajo vale la pena o no, pero nos servirá de pretexto para comentar un aspecto curioso de la industria musical: el negocio funciona gracias a los éxitos del pasado.

Antes de continuar, repasemos la trayectoria de Eminem. Hace 17 años, Marshall era un chico problemático de Detroit que decidió grabar un disco de rap. Por aquella época el mundo del rap estaba enteramente dominado por MC’s negros, así que fue bastante sorprendente cuando, en 1999, ese mismo chico blanco empezó a triunfar gracias a su segundo álbum, The Slim Shady LP. Se hizo conocido por ser el rapero blanco que podía competir directamente con raperos negros y, lo mejor, que no usaba esa baza en sus letras, sino que, de verdad, tenía mucho que criticar: odiaba a su madre y a su novia, no soportaba a su gobierno, echaba pestes del capitalismo, de las estrellas pop de la época (Britney Spears y compañía) e incluso se burlaba de los gays (ejemplo práctico: la letra de «Criminal»). Su música provocaba manifestaciones de la misma manera que llenaba estadios. Y todo ello le empezó a pasar factura. Odiaba la fama y acabó enganchado al alcohol y otras drogas, pero seguía siendo el rapero blanco más famoso y admirado. Trabajó con Dr Dre y con 50 Cent (dos de los productores de rap más grandes), publicó discos exitosos como The Eminem Show (2002) y Encore (2004) y, a partir de este último disco, su vida se convirtió en un caos y se retiró de la música hasta 2009, que regresó con nueva placa, Relapse y, un año después, con Recovery, en el que colaboró Rihanna. RIHANNA. Recordáis lo de criticar a las estrellas pop, ¿no?

Eminem vive de su marca, no de su música

Queda patente, por tanto, el cambio de 360º que ha vivido Eminem: de ser un joven humilde de 24 años con una vida desastrosa y con ganas de criticar al mundo entero, a ser uno de los músicos más ricos y famosos. Sin embargo, desde que volvió en 2009, sus letras están más vacías. Eminem ya no tiene nada que decir. ¿Qué clase de rapero triunfaría ahora sin tener nada que decir? Y eso nos lleva a la cuestión que planteábamos hace unas líneas: si Eminem ha conseguido ser el número 1 con su nuevo álbum o si es uno de los artistas más rentables de la actualidad, no es por los mismos motivos por los que triunfó hace 17 años. De hecho, si triunfa hoy en día es porque lo hizo hace 17 años. Eminem vive de su marca, no de su música.

Los hits transgeneracionales

¿Cuántas veces has escuchado «Sweet Child O’ Mine» o «We Are The Champions»? Probablemente muchas. Esa canción de Guns N’ Roses y esa otra de Queen son sólo dos hits de ejemplo que han superado «la barrera»: han pasado a formar parte de la cultura popular. Las puedes escuchar casi en cualquier lugar o acto social y, aunque parezca mentira, siguen vendiendo mucho. Sin contar con los seguro rentables derechos de explotación (para anuncios, películas, etc.), las discográficas saben que un grandes éxitos de una banda como AC/DC o The Rolling Stones se venden extraordinariamente bien si se cumple un requisito: un precio bajo. El año pasado, por ejemplo, las ventas de viejos discos (que contienen en su gran mayoría alguno de estos hits transgeneracionales) superaron a la de nuevos lanzamientos. Es la primera vez en toda la historia que sucede algo así, y el motivo principal de ello fue, como decimos, el precio. Un grandes éxitos de Whitney Houston puede costar menos de 5 euros y, claro, ¡quién no quiere tener el «I Will Always Love You» por ese precio! (ejem).

Las viejas glorias

De entre las muchas y respetables razones por las que irías a ver a un concierto de Deep Purple, ¿a qué seguro estaría la de presenciar ese mítico «Smoke On The Water» en directo? Mira cualquier agenda de actuaciones (prueba con Last.fm), cualquier gran festival o la lista de artistas que más dinero han ganado con sus respectivas giras en un año. La mayor parte de nombres que verás son viejas glorias, y no en un sentido despectivo, sino basándonos en el hecho de que triunfaron en otra época y su estela de éxito sigue alargándose hasta la actualidad. Sí, muchos publican nuevos discos, pero, salvo contadas excepciones, ni son lo que eran ni ofrecen lo que la gente busca de verdad. ¿Qué esperas descubrir en un nuevo álbum de Kiss? Por favor, el grupo nació en los años 70 (este 2013 cumplen justo 40 años). Y, ojo, yo disfruto mucho de su música y hasta me gustan las nuevas canciones, pero hay cientos de bandas que están innovando y tratan de hacerse un hueco entre nuestros gustos. ¿Nadie está cansado de esperar los mismos grandes conciertos año tras año?

Lo más curioso de todo es que nos cuesta reconocer el conservadurismo musical. Parece que esos momentos que vivimos con algún hit transgeneracional como banda sonora se quedan muy grabados en nuestra mente. Y cuando eso pasa, no existen los grupos vendidos. La música es un negocio que vive del pasado, se nutre de nuestros recuerdos y sentimientos. Se aprovecha de un Eminem que caló entre adolescentes rebeldes. Se aprovecha de tu primer baile con tu pareja. Se aprovecha de ti.

La pregunta es, ¿a quién le importa?

César Muela

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