Nadie lo esperaba, y sin embargo aquí está. Neurosis regresa de entre los muertos con un disco sorpresa que nadie se atrevía ni a imaginar, nacido de la necesidad existencial de una banda que se enfrentó a su propia disolución moral y artística. La expulsión de Scott Kelly en 2019 —y la posterior revelación pública en 2022 de sus abusos familiares— dejó a la banda en un limbo doloroso, con su legado manchado y su futuro en el aire. A eso se sumó la muerte de Steve Albini en 2024, el ingeniero que durante décadas fue el arquitecto sonoro del grupo, y el anuncio de retirada del batería Jason Roeder. El horizonte no podía ser más sombrío.
Y, sin embargo, la oscuridad parió algo extraordinario.
La apuesta de Aaron Turner
La incorporación de Aaron Turner —cerebro de ISIS y SUMAC— como vocalista y guitarrista junto a Steve Von Till no es solo un parche de emergencia: es una transfusión de sangre nueva que revitaliza cada célula del organismo Neurosis. Turner aporta un rugido feroz y desgarrado que contrasta y complementa la voz limpia y espectral de Von Till, creando una dinámica vocal de una riqueza sin precedentes en la historia del grupo. Donde Kelly y Von Till funcionaban como dos caras del mismo ser, Turner y Von Till se enfrentan, se buscan y se desafían mutuamente, generando una tensión dramática que impregna cada minuto del disco.
Un apocalipsis de 63 minutos
An Undying Love for a Burning World no es un álbum que se escucha: es uno que te atraviesa. Las ocho canciones —con una duración media de ocho minutos cada una— nunca se sienten largas. El sludge metal aplastante de Steve Von Till convive con construcciones post-rock de quietud hipnótica, secciones doom de gravedad cósmica y una influencia industrial/electrónica que emerge en las transiciones, especialmente en el salto glitchy entre ‘First Red Rays’ y ‘Blind’.
Los sintetizadores modulares de Noah Landis envuelven el conjunto como una membrana fría, otorgando al disco esa atmósfera post-industrial que recuerda a Enemy of the Sun, pero más madura, más consciente de sí misma. ‘Mirror Deep’ es una experiencia íntima y perturbadora, con ráfagas de samples vocales interrumpiendo riffs aplastantes antes de hundirse en ambientes de película de terror de los 80. ‘First Red Rays’ evoca una espiritualidad cósmica cercana al Pink Floyd de «Echoes», mientras que ‘Blind’ conjura imágenes lovecraftianas con sus armonías vocales superpuestas.
La cumbre: ‘Last Light’
El cierre del disco es su punto más alto, y probablemente una de las composiciones más ambiciosas en la carrera de Neurosis. ‘Last Light’, con sus dieciséis minutos, es una catedral sonora que transita del doom más ansioso por progresiones de acordes disonantes, pasando por una euforia psicodélica casi onírica, hasta desembocar en un coral que suena a elegía colectiva. Turner pierde literalmente la voz en sus secciones más desesperadas, mientras la letra contempla la extinción sin romantizarla: solo la gravedad fría de quien mira el fin con los ojos abiertos. El penúltimo corte, ‘In the Waiting Hours’, completa este díptico final con una abrasividad laberíntica que remite al mejor Cult of Luna.
¿Para quién es este disco?
An Undying Love for a Burning World es, ante todo, un disco para quienes entienden que el metal puede ser literatura, espiritualidad y denuncia social al mismo tiempo. No es entretenimiento: es una experiencia que exige presencia total. Los seguidores de largo recorrido de Neurosis, los fans de ISIS, SUMAC o Cult of Luna encontrarán aquí su nuevo punto de referencia. Quienes busquen accesibilidad o catarsis inmediata harán bien en mirar hacia otro lado: este álbum es desolador, denso y deliberadamente incómodo. Pero para los que estén dispuestos a entregarse, este es el tipo de disco que solo aparece una vez por década.
Portada y canciones del disco

- We Are Torn Wide Open
- Mirror Deep
- First Red Rays
- Blind
- Seething and Scattered
- Untethered
- In the Waiting Hours
- Last Light
Neurosis resurge de su propia ruina con un disco monumental que convierte el trauma en arte visionario. La llegada de Aaron Turner no solo salva a la banda: la reinventa, entregando su obra más ambiciosa y devastadoramente hermosa hasta la fecha.






