Hay películas que te recuerdan por qué entras a una sala de cine. Proyecto Salvación (Project Hail Mary, en su título original), dirigida por Phil Lord y Christopher Miller con guion de Drew Goddard, es una de ellas: ciencia ficción dura envuelta en comedia, emoción y una extraña ternura cósmica que no debería funcionar tan bien como funciona.
Un hombre, una nave, el universo
Ryan Gosling interpreta a Ryland Grace, un astrofísico-profesor que despierta en una nave espacial sin saber quién es ni por qué está ahí. La premisa —amnesia, soledad, extinción inminente— suena a fórmula vista mil veces, pero Gosling la renueva con una fisicidad cómica que sorprende. Ya demostró en Barbie y The Fall Guy que sabe hacer el ridículo con gracia; aquí lo lleva al espacio literalmente, convirtiendo la ingravidez en un vehículo de comedia física que resulta genuinamente divertido. La película pertenece a esa tradición iniciada con El marciano —también adaptada de Weir por Goddard— donde un científico carismático resuelve problemas imposibles con ingenio y humor en lugar de con explosiones.
La ciencia como personaje
Lo que distingue a Andy Weir de otros autores del género es su insistencia en mostrar el trabajo. No hay magia disfrazada de tecnología: hay cálculos, hipótesis, errores y correcciones. Lord y Miller, cineastas que llevan años destilando lo complejo en entretenimiento accesible —de La LEGO Película al universo de Spider-Man— son los directores perfectos para este material. La película no te hace sentir tonto por no entender física cuántica, pero tampoco te trata como si lo fueras. Es un equilibrio difícil que logran con una elegancia casi irritante.
Rocky: la estrella inesperada

El verdadero golpe de efecto del filme —aunque el marketing ya lo ha desvelado— es la aparición de Rocky, una criatura extraterrestre de cinco extremidades hecha de roca y curiosidad desbordante. La combinación de marioneta física y efectos digitales da como resultado uno de los personajes más encantadores del cine reciente: algo a medio camino entre el heptápodo de La Llegada, E.T. y un niño prodigio con demasiada energía. La amistad que se forja entre Grace y Rocky —construida desde cero, sin idioma común, a través de matemáticas y gestos— es el corazón emocional de la película y el argumento más convincente que el cine ha dado en años a favor de la cooperación como instinto de supervivencia. Daniel Pemberton firma una banda sonora que amplifica cada momento de esa relación hasta hacerla casi insoportablemente hermosa.
Virtudes con matices
La película no es perfecta. Con 156 minutos de metraje, los flashbacks a la Tierra —que alternan con la acción en la nave— tienen un problema estructural: al conocer ya al Grace del presente, las revelaciones del pasado pierden parte de su impacto dramático. Sandra Hüller, en el papel de Eva Stratt, la directora del proyecto que puso a Grace en esa nave, aporta presencia y frialdad calculada, pero su personaje se queda atrapado en el estereotipo de la eficiencia germánica sin que el guion le conceda la profundidad que la actriz claramente podría ofrecer.
Cine para creer en algo
Greig Fraser —el mismo director de fotografía de Dune y The Batman— filma el espacio en formato IMAX 1.43:1, verticalmente imponente, mientras reserva el 2.39:1 panorámico para los flashbacks terrestres. No es un capricho estético: es una decisión narrativa que separa dos mundos con la misma claridad que separa dos versiones del protagonista.
Proyecto Salvación llega en un momento en que la cultura parece haber abandonado la idea de que la ciencia y la cooperación global pueden salvarnos de nosotros mismos. La película no ignora esa tensión; simplemente apuesta, con convicción y sin ingenuidad, por el otro lado. Es cine de entretenimiento que se atreve a ser optimista, y lo hace ganándose cada gramo de esa esperanza. Eso, en 2026, no es poca cosa.
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Proyecto Salvación se estrena en cines el 20 de marzo.
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Phil Lord y Christopher Miller regresan a la dirección con una película que no debería funcionar tan bien como funciona: ciencia ficción dura, comedia física y una amistad alienígena que te rompe el corazón. Ryan Gosling nunca ha estado mejor. El universo, por una vez, merece ser salvado

