Crónica de Foo Fighters en el Mad Cool 2026: Dave Grohl deja claro por qué es uno de los padres del rock de estadio

Foo Fighters compensa su última cancelación forzosa en un festival lleno de himnos de rock de estadio en el Mad Cool 2026.

Dave Grohl en el concierto de Foo Fighters en Mad Cool 2026

La primera jornada de Mad Cool 2026 arranca con el listón muy alto. Como primer gran cabeza de cartel del festival en su jornada inaugural, Foo Fighters aterrizó en Madrid no solo para cumplir con un expediente multitudinario (la organización espera 55.000 personas cada día hasta el sábado), sino para dar un auténtico golpe sobre la mesa y recordar quiénes mandan en el negocio del rock de grandes arenas.

Sin preámbulos ni concesiones, la banda saltó dispuesta a incendiar el escenario principal. Las primeras notas de «All My Life» desataron una tormenta de intensidad puramente rockera. Desde el primer segundo, Dave Grohl se erigió como la fuerza indomable y el motor absoluto detrás del combo. «All right motherfuckers, you wanna dance?», rugía el líder a las miles de almas congregadas, dejando claro que venían a morder.

Empalmaron de inmediato con «The Pretender», uno de sus hits más impepinables. Aunque es evidente que el peso de los años hace que Grohl ya no intente alcanzar el estribillo en su octava original (un matiz que le resta un mínimo de pegada sónica al directo), lo compensa con creces con un magnetismo salvaje. Su carisma arrollador inundó el recinto al preguntar desafiante si todavía nos gustaba el rock and roll. Es un líder nato, de los que se echan un festival entero a la espalda sin pestañear.

Energía incombustible y pulso clásico

El ritmo del show se mantuvo asfixiante cuando, enlazando una tras otra sin un solo respiro, acometieron «Times Like These». Toda la banda demostró estar en un estado físico impecable, envolviendo al público en un coreo unánime durante el icónico estribillo. En los compases finales del tema, Grohl rompió su voz a saco, regalándonos ese rock desgarrado y pasional tan suyo. Le siguió «Rope», luciendo ese interesantísimo inicio a destiempo que rompe la linealidad, apoyado de forma impecable por las armonías y coros del resto del combo.

La selección inicial de temas demostró una inteligencia fina para meterse al público festivalero en el bolsillo desde el minuto uno. «¿Dónde están los fans de la vieja escuela? Esta noche vamos a tocar tantas canciones como podamos, hasta que nos echen de aquí», prometió Grohl con cara de pillo.

Cumpliendo su palabra, descargaron «Stacked Actors» con un riff demoledor y un tinte casi stoner que rescató la esencia más cruda y grunge de los orígenes de la banda. Los contrastes dinámicos funcionaron a la perfección, alternando estrofas contenidas con explosiones sónicas puramente distorsionadas. El torbellino de clásicos continuó imbatible con «My Hero», que sonó masiva y pesada, enmarcada visualmente por una pantalla de fondo que mostraba una furgoneta suspendida entre cables mientras el público se dejaba las cuerdas vocales. Acto seguido, la inconfundible melodía de «Learn to Fly» puso a saltar a todo el recinto, consolidándose como una de las piezas más celebradas de la velada.

Cuentas pendientes e intimidad grunge

«Tenemos que recuperar el tiempo perdido», recordó seriamente Grohl, haciendo alusión a la dolorosa cancelación de su anterior visita tras la trágica pérdida de Taylor Hawkins. Consciente además del intenso calor de la noche madrileña, advirtió al público que se cuidara y se hidratara porque el viaje iba a ser largo. Bajando un punto las revoluciones pero aumentando la carga emocional, llegó el turno de «These Days», coronada por un bellísimo arpegio final defendido en solitario por el propio Dave. La pausa fue breve. De inmediato arremetieron con «Walk», un himno de estadio que puso a bailar a la masa y donde Grohl volvió a rasgarse la garganta con furia en el tramo final hacia el último estribillo.

Empapado en agua para combatir el calor, el líder pidió encender las luces generales para conectar con las miradas de los miles de asistentes. Con un simpático «Hola» en español, bromeó sobre cuántos repetían y cuántos los veían por primera vez. Para los fieles del principio, recuperaron de su disco homónimo Foo Fighters (1995) una vibrante «This Is a Call», que animó muchísimo al público y que el vocalista remató coqueteando con sutiles falsetes, evidenciando que sigue disfrutando del escenario como un crío.

El pulso más agresivo regresó con «No Son of Mine», un corte con actitud descarada, chulesca y puramente punk, que incluyó un aplaudido e inesperado guiño al inmortal «Ace of Spades» de Motörhead. Tras un despliegue de guitarras dobladas y una pegada colosal, Grohl confesó que para tomar un respiro necesitaban una tregua. Fue el momento de «Wheels», interpretada en un formato casi acústico, sumamente calmada y reconfortante.

La gran sorpresa histórica de la noche llegó cuando presentó una pieza anterior a la fundación del propio grupo: «Escribí esta canción cuando estaba en Nirvana. Recuerdo que la tocaba en un sillón, muy despacito, para no despertar a Kurt Cobain, que dormía en la habitación de al lado». Así sonó «Marigold», una joya oculta que, si bien enfrió un poco la conexión con la masa festivalera menos iniciada, supuso un regalo incalculable para el sector melómano. También regalaron una inesperada versión de «Big Me», muy cantada por los asistentes mientras las pantallas proyectaban un hermoso mosaico con la evolución fotográfica de la banda a lo largo de las décadas.

El bajo de Nate Mendel tomó el testigo para marcar el ritmo de la contundente «Under You» (donde Grohl pidió palmas y soltó un divertido «uuuhh, os gustan las locuras» ante la respuesta del público) antes de dar paso al ritmo tribal y machacón de «Run». Fue precisamente durante esta sección donde ocurrió lo impensable: ¡se formó un auténtico pogo en la zona central del Mad Cool! Algo rarísimo de ver en el escenario principal de este festival.

Una banda de hermanos y un Dave Grohl que sigue en plena forma a la batería

La presentación de la banda fue otro de los grandes aciertos de la noche por su dinamismo y originalidad. Chris Shiflett se marcó un solo soberbio y tomó las riendas vocales de un tema puramente rockero mientras se proyectaba una foto de Tony S en la pantalla; conocimos las raíces de Nate al bajo, el virtuosismo de Rami Jaffee al teclado (recordando su paso por The Wallflowers) y la leyenda punk de Pat Smear, con quien Grohl lleva tocando 31 años desde los tiempos de The Germs, regalándonos incluso un fragmento cantado casi en gutural.

Sin embargo, el clímax absoluto llegó al presentar a Ilan Rubin en la batería. En un derroche de versatilidad y buen rollo, Grohl y Rubin intercambiaron posiciones: Dave regresó a su antigua casa detrás de los tambores demostrando que mantiene una pegada descomunal, salvaje e intacta, mientras Josh se colgó la guitarra al frente. Un auténtico momentazo que justifica por sí solo pagar la entrada.

Recta final insaciable

«¿Queréis una más? ¿Queréis diez más?», provocaba Grohl antes de lanzar el zarpazo afilado de «Monkey Wrench», desatando la locura colectiva, nuevos pogos y un ensordecedor grito unánime de todo el Mad Cool con las luces de pista encendidas. La vieja escuela volvió a rugir con «Breakout» (de su imprescindible There Is Nothing Left to Lose de 1999), seguida de la atmosférica e hipnótica «The Sky Is a Neighborhood».

El momento más emotivo de la noche se reservó para el recuerdo. «Nos gusta tocar esta canción cada noche y es para Taylor Hawkins», pronunció Grohl invitando a una cerrada ovación. «Aurora» flotó sobre el recinto con su delicado arpegio limpio, un tributo hermoso, nostálgico y perenne. Posteriormente, la épica «Best of You» estalló de forma híper extendida hasta más allá de los ocho minutos, con la masa entregada por completo al característico e inmortal cántico de estadio («oooohhh»).

Cumpliendo estrictamente con el reloj, Grohl anunció que les quedaban exactamente 17 minutos de juego. Tiempo suficiente para rescatar la densa y grunge «Exhausted» de su álbum debut y cerrar de la única manera posible: con la eterna «Everlong». Una despedida apoteósica para un concierto sobresaliente.

Foo Fighters demostró en Madrid que se encuentran en una forma física y musical impecable, exhibiendo un catálogo infalible de himnos transversales (aunque se olvidaron de su último disco, Your Favorite Toy). Da gusto presenciar un concierto donde conviven grandes y pequeños, demostrando que el gran secreto de esta banda es su insólita capacidad para conectar con múltiples generaciones a través del rock. Un directo memorable en un recinto que, afortunadamente, permitió disfrutar con espacio y comodidad de la zona media hacia atrás. Y sí, Dave Grohl sigue siendo uno de los padres del rock de estadio actuales.

Setlist de Foo Fighters en Mad Cool 2026

  1. «All My Life»
  2. «The Pretender»
  3. «Times Like These»
  4. «Rope»
  5. «Stacked Actors»
  6. «My Hero»
  7. «Learn to Fly»
  8. «These Days»
  9. «Walk»
  10. «This Is a Call»
  11. «No Son of Mine» (con fragmento del «Ace of Spades» de Motorhead)
  12. «Wheels»
  13. «Marigold» (versión de Late!)
  14. «Big Me»
  15. «Under You»
  16. «Run»
  17. «Invincible / Seven / One Headlight / Manimal / Tap Dancing in a Minefield»
  18. «Monkey Wrench»
  19. «Breakout»
  20. «The Sky Is a Neighborhood»
  21. «Aurora»
  22. «Best of You»
  23. «Exhausted»
  24. «Everlong»

Fotos cortesía del Mad Cool 2026.

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Director y fundador
MúsicaTecnologíaSeriesAudio
Llevo más de 15 años dedicado al periodismo digital y me he especializado en cultura (música, cine y series) y tecnología. También soy músico y productor con experiencia en conciertos y múltiples grabaciones en estudio. Soy el director de Más Decibelios, coordinador del vertical de medios tech de Webedia España (Xataka), y autor de un libro sobre Black Sabbath para Red Book Ediciones.

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